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Efectos visuales, otra industria argentina que no termina de despegar

La industria de los efectos visuales en la Argentina se hizo tangible entre la  tecnología y el cine. Sin embargo, no todo empieza y termina en y con “Metegol”. Desafíos y oportunidades de un sector que aún busca crecer en serio.

Por Sebastián De Toma - 31 de Marzo 2017
Efectos visuales, otra industria argentina que no termina de despegar

Desde 2013 a la fecha, cada vez que se habla de realizar efectos visuales en la Argentina, la mayoría recuerda dos hitos del cine nacional: “Metegol” y “Corazón de León”. En la primera película y de la mano del director Juan José Campanella, participaron de su realización 300 personas, entre animadores, dibujantes, editores y técnicos. Lograr que su calidad estuviera a la altura de la de los grandes tanques hollywoodenses tomó tres años de trabajo. Así, este largometraje estiró al máximo al reducido pool de talento local dedicado a los efectos visuales (VFX). “Corazón de León” —dirigida por Marcos Carnevale— no requirió tantos efectos visuales, pero quedan hermanadas tanto por el año de estreno como por lo particular del trabajo que implicó reducir la estatura de Guillermo Francella.

Desde afuera parecía que —por fin— la industria de VFX local tomaría vuelo. Pero no ocurrió exactamente así: en vez de servir como trampolín para el desarrollo de nuevas tecnologías, los lanzamientos se convirtieron en hitos solitarios. “Todo quedó como un recuerdo”, dice Daniel Venditti, especialista en animación 3D y docente. “‘Metegol’ fue la excepción a la regla. Campanella se jugó a hacerla acá. Trajo medio equipo de afuera y armó un seleccionado con lo que encontró en las productoras locales para complementar. Uno imaginaba que eso tendría continuidad en el sector, pero no. Los que más se habían capacitado migraron, quedando segundas y terceras líneas”, explica.

 

Dinero versus arte

Todas las fuentes consultadas coinciden en el diagnóstico: hacer cine es bello, pero la publicidad paga las cuentas. El caso de Paolo Cavalieri y Bleed VFX, el estudio que dirige junto a un socio desde hace nueve años, es paradigmático. En 2013, Cavalieri fue parte del equipo de “Metegol” como director de Efectos Visuales. Y, a pesar del suceso artístico que significó el film, fue la última vez que Bleed participó en uno hasta la fecha. “Estuvimos cotizando varias cosas, pero no se dio ninguna”, cuenta el especialista en posproducción 3D. El core business de la empresa  es, y seguirá siendo —dice—, la publicidad, porque es el mercado más importante de  la  Argentina  y el que  les permitió  abrir oficinas en Barcelona y San Pablo. “La empresa tiene una política respecto a trabajar en películas, porque implica mucho tiempo de trabajo, pero es poco rentable. Son cuatro u ocho meses, con equipos de ocho a 10 personas, que tienen que sacar 160 planos... nos deja lo mismo que hacer un único trabajo para el exterior”, explica. Sólo participan, reconoce, cuando ven un potencial real para tener exposición en el exterior. “Lo hacemos cuando entendemos que va a participar en un festival, o de analizar quién es el director, pero nunca por razones estrictamente de negocio, sino para sumar al reel de cine”, amplía.

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El testimonio de Santiago Caffarena, un compositor VFX que trabajó en “Corazón de León”, se ubica en la misma línea. “En el país, se realizan un promedio de 120 películas por año y, de todas, sólo un porcentaje pequeño usa efectos visuales, y de esas, aún son menos las que tienen el presupuesto que hace falta”, explica. “La publicidad paga las cuentas.”  El compositor VFX freelance, Carlos Villafañe, agrega que “el trabajo de publicidad tiene deadlines más cortos y es más desgastante, pero deja más plata y requiere menos detalles, mientras que, en cine, hay más tiempo para desarrollar los efectos, el nivel de detalle es exponencial”. Pero, en cine, “hay que trabajar los fines de semana, a contraturno, y el mercado te exige entregar todo para ayer”, insiste. Además, en este sector, hay un factor extra que lleva a subir los precios, lo que Villafañe llama “la variable del cliente”: este puede solicitar que el trabajo se rehaga sin pagar extra, lo que implica que los estudios y artistas freelance asuman un importante riesgo cuando realizan efectos destina- dos a la industria publicitaria. “Un cliente muy complicado puede dar pérdidas”, afirma. El camino más corto, como suele decirse, es el más peligroso.

A pesar de que la billetera está del lado de la publicidad, la pasión tira. Para Caffarena, hacer cine también involucra, más allá de lo económico, una cuestión emocional. “Cuando ves la película terminada, te buscás en los créditos, le sacás fotos a la pantalla y te largás a llorar por todo es el esfuerzo que hiciste junto a un grupo de gente, una banda de hermanos, con los que compartiste más cosas durante tres meses que con tu familia”, cuenta. No reniega, sin embargo, de todo el trabajo que hace en Marketing. Y asevera: “no podríamos tener los ‘fierros’ que tenemos, o los técnicos que tenemos, si no fuera por la publicidad. Es un fenómeno que ocurre a escala global”.

 

Una industria en pañales

El sector de producción de efectos visuales en el país se encuentra todavía en formación, pero ya hay indicios de que va –lentamente– camino a la consolidación. “Todavía no hay un sector fuertemente desarrollado en cine, como podrían en Inglaterra o Francia. En publicidad, en cambio, ya se encuentra desplegada y la Argentina tiene mucho prestigio”, dice Venditti. Respecto al resto de la región, el país está bien posicionado, sólo detrás de  México y Brasil, dos mercados enormes. En el caso del Mercosur, la competencia no es tanta porque, según Venditti, se tiene un mercado que trabaja muy puertas adentro y no juega mucho globalmente. Quizás por eso, o por méritos propios, los artistas locales tengan tanta demanda en el exterior. “El argentino quiere investigar y usar todos los recursos que tiene a mano”, dice. Pero, reconoce, es esa curiosidad la que hace al mercado local algo propio, con blockbusters estadounidenses encontrándose con el mejor cine europeo, sea o no pochoclero.

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La visión de Caffarena es más optimista. “Tenemos muy buen capital humano, pero es un mercado chico y cuando hay un proyecto muy grande se complica conseguir gente”, destaca. Y señala que, si bien existe talento local, “la gente de nivel está trabajando en los Estados Unidos, México o Canadá”. Especialmente después de “Metegol” tuvo lugar una importante fuga de talento hacia Canadá (Vancouver), Inglaterra (Londres) y los Estados Unidos. “Allá hay empresas de VFX muy grandes. Al final, tiene que ver con la ambición profesional de cada uno, porque el que se queda acá tiene que ser multidisciplinario”, amplía Cavalieri. Villafañe también hace referencia a  esa multidisciplinariedad que, dice, juega a favor al momento de conseguir nuevos proyectos. Pero, advierte, aún falta resolver la inserción laboral. “Los que terminen de estudiar están casi librados al azar”, expresa. “Casi siempre un amigo hace de contacto, empezás gratis y después las condiciones empiezan a mejorar.”

 

Efecto China

Una fuente de trabajo habitual son los proyectosque llegan desde el exterior. Pero cada vez más trabajos se van hacia China, la India y otros países del sudeste asiático (donde los grandes estudios han abierto oficinas en los últimos años, exenciones fiscales de por medio) y que se está convirtiendo en el “cuco” de la industria. ¿El motivo? Es económicamente más conveniente realizar los VFX en los países mencionados.

En el caso de la Argentina, con una incipiente industria que depende de los ingresos de un sector publicitario en recesión, esto puede pegar directo en la línea de flotación. Según el artista de VFX, Juan Rainieri (parte del estudio Oner VFX), en China un proyecto puede costar el 65 por ciento de lo que cuesta en el país, con el factor extra de que el dinero que se cobra allá es más rentable para los trabajadores de aquel país, dado que el costo de vida es menor. Otro factor que juega en contra de las productoras locales son los tiempos. “Hay todo un concepto    de  cadena    de  montaje, cuando una producción está apretada con los tiempos mandan el trabajo allá”, sintetiza Villafañe.

Caffarena apunta a que “los indios son muy baratos, ya ellos se les pide servicios de ‘fuerza bruta’, como la rotoscopia”, es decir, cuando hay que recortar una figura para luego colocarla sobre un fondo distinto (por ejemplo, cuando se graba delante de una pantalla verde para luego agregar un efecto). Se considera un trabajo de fuerza bruta porque es una labor tediosa (hay que recortar recuadro por recuadro) pero que no requiere mucha especialización. Advierte que, si bien estos países comenzaron ofreciendo estos servicios que utilizan mano de obra intensiva, ahora venden productos más especializados.

“En el futuro, van a ser los dueños de los VFX”, dice Caffarena. Sin embargo, afirma que no hay que temerles a los gigantes asiáticos porque cada vez más productos audiovisuales precisan efectos visuales y el prestigio de los artistas argentinos —especialmente en publicidad— es reconocido en todo elmundo.

De acuerdo a las fuentes consultadas, el futuro inmediato del sector VFX argentino es de un suave crecimiento, apuntalado por el sector publicitario y los trabajos que llegan desde el exterior. Para consolidarlo,     hace   falta   que   la  sector  cinematográfico se decida a dejar de lado, siquiera un poco, a las historias que abusan del costumbrismo y el color local y apostar por tramas  que se sustente n en los  efectos visuales realizados por los artistas locales.


Nota publicada en la edición nro. 234 (marzo/2017) de Infotechnology.



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