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Conexión Geek

Conocé a la tribu urbana que se junta a jugar juegos de mesa los fines de semana

Los juegos de mesa vuelven a ganar adeptos. Una comunidad intensa y en crecimiento organiza reuniones geek con regularidad. Por JUAN CASTIGLIONE - 22 de Diciembre 2017
Conocé a la tribu urbana que se junta a jugar juegos de mesa los fines de semana

Los juegos de mesa han sido por décadas (o siglos) parte fundamental del mobiliario del hogar. Compañeros inseparables en tardes de lluvia, noches de verano y vacaciones en la costa, han sabido ganarse el cariño de generaciones enteras de familias, aunque en la mayoría de los casos terminen injustamente sus días juntando polvo en el fondo de un armario.

Se trata de un entretenimiento que no conoce fronteras: tanto civilizaciones orientales como occidentales han incursionado en este pasatiempo por miles de años (se han encontrado juegos de 5.000 años de antigüedad en Turquía), por lo que su carácter universal no puede ser puesto en duda. Definitivamente, los juegos de mesa son un verdadero patrimonio de la humanidad o, por lo menos, un hilo común que une a todas las culturas a la hora de entregarse al ocio.

En la Argentina las cosas no son tan distintas que en el resto del mundo. Por lo menos una vez en la vida todos hemos jugado a clásicos vernáculos como “El estanciero” (una versión low cost y agroexportadora de “Monopoly”), “TEG” (basado en “Risk”) o el oráculo de la cultura popular, “Carrera de mente”. Estos títulos representan apenas un grano de arena en el extensísimo listado de juegos que pueden adquirirse hoy en día, pero aun así siguen siendo grandes favoritos en las sobremesas de los domingos. ¿Somos un país tradicionalista a la hora de divertirnos? ¿O, en cambio, es producto de la falta de conocimiento de mejores propuestas? En un mundo regido de forma marcial por los ceros y los unos, los tableros, las fichas y los billetes de mentira representan un anclaje analógico cargado de vigencia.

Creando comunidades

Laura Muollo es una de las responsables de GeekOut, una comunidad argentina creada con el objetivo de unir a fanáticos de la llamada “cultura geek”. Tres veces por mes organizan reuniones en el barrio porteño de Belgrano y una vez al mes realizan un evento para 300 personas en el Centro Cultural San Martín con entrada gratuita, donde se llevan 200 juegos de mesa modernos y alrededor de 30 personas enseñan a jugar a todos los que se acercan; además, una vez al año celebran el GeekOut Fest, también en el CCSM, cuya última edición recibió a más de 2.500 personas.

“Los juegos de mesa están logrando salir del nicho, incluso los adolescentes juegan los sábados en la previa a salir. Todavía no son tan populares como la PlayStation o el fútbol, pero definitivamente ya no son una actividad marginal como lo eran hace unos años”, destaca. Para Muollo, en la década del noventa, sin acceso a internet era difícil contactarse con fanáticos de los juegos de mesa y de rol; hoy, en cambio, la web da acceso a reseñas de títulos que recién salen a la venta, a comprarlos a precios relativamente accesibles y a encontrar personas que también disfrutan de estas actividades. “Antes, para descubrir estos juegos de mesa modernos, tenías que tener la suerte de que algún amigo hubiera viajado y comprado uno.  Todavía recuerdo la revolución que fue en nuestro grupo cuando una amiga nos presentó el “Colonos de Catán” allá por el 2001… ¡y había salido en 1996!”.

Respecto de las dificultades que existen hoy para que esta cultura crezca en el país, Muollo subraya, en primer lugar, la persistencia de prejuicios. “Como dejamos de jugar porque nos aburrimos de los mismos títulos, en el colectivo imaginario los juegos de mesa son para chicos. En realidad, los juegos de mesa son una actividad para todas las edades e incluso hay muchos juegos demasiado complejos para que los jueguen menores de 18 años.” Si bien muchos consideran que es una actividad nerd, aclara que “hay juegos para todas las personalidades y gustos. Es cuestión de encontrarlos”.

Conexión local

Pedro Visintin es argentino y fanático de estos juegos. Podría ser uno más de tantos compatriotas que traen juegos del exterior y arman colecciones a paso firme, pero su ímpetu fue un poco más allá: con su mujer, Fabiana Pérez, creó Conexión Berlín, un espacio pensado para que cualquiera pueda jugar alguno de los más de 400 juegos que tiene a cuestas y cuya lista se engrosa todos los meses.

Todo comenzó cuando descubrió hace unos años la subcultura de los juegos de mesa modernos. “Me quedé copado, quería más y acá no había”, revela Visintin, que es ingeniero en Sistemas y trabaja gran parte del año en Alemania para la firma Babbel, por lo que palpa de cerca todo lo que se genera en tierras germanas, donde se respira cultura lúdica. “En Alemania entré a una juguetería y había toda una pared llena de juegos. Dije ‘wow, por dónde empiezo’. Así me fui metiendo y comencé a jugar con compañeros de trabajo, hasta que en un momento pensé en compartirlo, llevar la experiencia a la Argentina”. A partir de allí, comenzó a pensar en un nuevo proyecto, que permitiera divulgar este universo en la Ciudad de Buenos Aires.

Hoy, Conexión Berlín realiza encuentros todos los fines de semana; los asistentes pagan su entrada y pueden elegir cualquier título de la colección, además de recibir ayuda y asesoramiento. El objetivo es que la experiencia sea lo más satisfactoria posible.

Respecto de la percepción general que se tiene a escala local de la práctica de este tipo de juegos, Visintin traza un paralelismo entre las culturas argentina y alemana: “En Alemania la cantidad de opciones es inmensa y la gente juega mucho; en la Argentina no lo tenemos adentro”.

El mercado

La importancia de este concepto analógico en el siglo 21 radica, principalmente, en que permite alejarnos por unas horas de la pantalla (ya sea de la PC o el celular). En este sentido, responde a una necesidad casi biológica del ser humano, un verdadero animal social. “El juego es un escape a una reacción contra el individualismo, es mi teoría. Si vamos al tema biológico, hay ciertos químicos en el cuerpo que se producen cuando estás con otras personas y eso le hace bien a tu cuerpo, produce un montón de cosas positivas interactuar y socializar con otras personas”, reflexiona Visintin. Muollo coincide con esta visión: “Como seres humanos somos seres sociales.  Nada puede reemplazar el sentarse a compartir un rato con nuestros pares frente a un tablero”. 

Si un país puede jactarse hoy en día de ser la capital de los juegos de mesa, ese es Alemania. Los bávaros se han convertido en los máximos exponentes a escala mundial gracias a un cúmulo de factores que han actuado oportunamente en esa dirección. No solo son organizadores de la feria de Essen, la más importante de su rubro, sino que además han revitalizado la industria con los juegos de autor, una “nueva ola” que tiene como máximo exponente al “Colonos de Catán”, creado por Klaus Teuber en 1995.

A grandes rasgos, los juegos de mesa alemanes son similares a la industria editorial. Instalaron el concepto de acompañar cada título con el nombre de su autor, que cobra royalties por las unidades vendidas. Muchas de estas creaciones ponderan la creatividad del usuario por sobre la suerte, lo que, traducido, significaría “probablemente gane el mejor”.

En la Argentina, la industria de juegos considerados “modernos” todavía está en pañales, pero creciendo a ritmo sostenido. Muollo explica que editoriales independientes que hace algunos años no existían hoy tienen decenas de juegos editados en el país y en otros mercados marcas tradicionales como Ruibal se han animado a editar juegos modernos. “Es un círculo virtuoso: hay más demanda, por lo que las editoriales se animan a invertir facilitando el acceso a juegos modernos al público, expandiendo el nicho e incrementando la demanda.”

Aún lejos de los grandes mercados del primer mundo, la Argentina de a poco comienza a formar un ecosistema robusto de editoriales de juegos, jugadores y espacios para estas prácticas. Los días de aburrirse con interminables partidas de “Juego de la Oca” parecen haber quedado atrás y opciones mucho más interesantes comienzan a poblar las jugueterías y locales especializados de las grandes ciudades. Prueba de la maduración de este mercado es el lanzamiento de la edición local de “Colonos de Catán”, de la mano de Top Toys. Aunque parezca increíble, el máximo exponente de la industria tardó 20 años en llegar al país.

Para Muollo no es casual que se dé este cambio en los hábitos de los consumidores, ya que nota el entusiasmo de los asistentes en cada edición de las reuniones de GeekOut. “La respuesta del público es positiva; se suma a probar cosas nuevas y se enamoran de la experiencia. Más de la mitad de las personas que se sentaron a jugar con nosotros volvió a participar de uno de nuestros eventos.” Visintin se expresa en la misma línea: el que se sumerge por primera vez en los juegos de mesa, es probable que repita la experiencia. 

Los infaltables

Carcassone. Otro gran exponente del mercado alemán, este título lanzado en 2000 consiste en hacer el mayor número posible de puntos recolectando posesiones (ciudades, caminos y praderas, entre otros) en un mapa. Incluso fue llevado al formato App con gran éxito.

King of Tokyo. Fue creado por Richard Garfield, la mente detrás de las populares cartas Magic. Cada jugador es un monstruo basado en la cultura japonesa (si está Godzilla) y debe pelear contra el resto para consagrarse como el rey de la capital nipona.

Ticket to Ride. Un verdadero best seller en el que los jugadores compiten para crear la mayor cantidad posible de rutas ferroviarias. Hay diferentes versiones y varían por países: las hay con el mapa de los Estados Unidos, de regiones de Europa y otros Estados del mundo.

Dominion. Lanzado en 2008 por Río Grande Games, el juego de cartas se posicionó rápidamente como uno de los favoritos del mercado. El objetivo es simple: crear el mazo más valioso, utilizando referencias de la cultura medieval y valiéndose de cartas propias.

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Nota publicada en la edición 242 (noviemebre/2017) de INFOTECHNOLOGY.



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